CAPITAL HUMANO, MERCADOS LABORALES Y LA DISTORSIÓN DEL CONCEPTO MARXISTA DE CAPITAL
Un análisis dialéctico e histórico-materialista
Introducción: La cuestión teórica
Los conceptos de “capital humano” y “mercados laborales” están entre las categorías más influyentes en la economía burguesa contemporánea y la política pública. Parecen describir realidades empíricas: los trabajadores invierten en educación y capacitación; el trabajo se compra y se vende en mercados; los salarios varían según la habilidad y la productividad. Pero desde el punto de vista del materialismo dialéctico e histórico clásico, estos conceptos no son descripciones neutrales. Son categorías ideológicas que distorsionan sistemáticamente las relaciones fundamentales del modo de producción capitalista. Disuelven la distinción entre capital y trabajo, ocultan la explotación del trabajo asalariado y transforman al trabajador en un autoempresario responsable de su propia explotación.
La cuestión planteada aquí es doble: (1) ¿Cómo distorsionan estos conceptos la idea de capital tal como fue concebida originalmente por los clásicos? (2) ¿Comodifican el trabajo como algo para ser comprado y vendido al mejor postor? La respuesta a la segunda pregunta es: sí, pero en una forma específica y mistificada. La fuerza de trabajo ya era una mercancía bajo el capitalismo; lo que hace la teoría del capital humano es transformar la relación del trabajador con su propia fuerza de trabajo de la de un vendedor de una mercancía a la de un inversor en su propio “capital”. Esto es un profundización de la alienación, no su superación.
Parte I: El concepto de capital de Marx y la distinción entre trabajo y fuerza de trabajo
1. El capital como relación social
El concepto de capital de Marx no es una cosa sino una relación social de producción. En El Capital, Volumen 1, Marx escribe:
“El capital no es una cosa, sino una determinada relación social de producción que pertenece a una formación social histórica particular, que simplemente toma la forma de una cosa y le da a esta cosa un carácter social específico.”
El capital existe solo dentro del modo de producción capitalista. Es valor que se autoexpande mediante la explotación del trabajo asalariado. El capitalista no es meramente una persona que “invierte” recursos; el capitalista es la personificación del capital.
2. La distinción entre trabajo y fuerza de trabajo
La piedra angular de la crítica de Marx a la economía política es la distinción entre trabajo y fuerza de trabajo. El trabajador no vende su trabajo; vende su fuerza de trabajo—su capacidad de trabajar por un período definido de tiempo. Esta distinción es esencial porque explica el origen del plusvalor.
Marx escribe en El Capital, Volumen 1:
“El valor de la fuerza de trabajo está determinado, como en el caso de toda otra mercancía, por el tiempo de trabajo necesario para la producción, y consiguientemente también para la reproducción, de este artículo especial.”
Esta es la esencia de la explotación. Está oculta por la forma salario, que parece pagar al trabajador por todo su tiempo de trabajo. Marx escribe:
“La forma salario, pues, extingue todo rastro de la división de la jornada de trabajo en trabajo necesario y trabajo excedente, en trabajo pagado y trabajo no pagado.”
3. La comodificación de la fuerza de trabajo
Bajo el capitalismo, la fuerza de trabajo se convierte en una mercancía. Pero es una mercancía peculiar:
- No es producida para la venta por un capitalista; es la capacidad de un ser humano.
- Su valor está determinado por el costo de su reproducción, no por su productividad.
- Su uso crea más valor del que cuesta—esta es la fuente del plusvalor.
- No puede separarse de la persona que la posee; el trabajador debe venderla para sobrevivir.
Parte II: La distorsión del capital en la teoría del capital humano
1. Las afirmaciones básicas de la teoría del capital humano
La teoría del capital humano, desarrollada por Theodore Schultz, Gary Becker y otros, trata el conocimiento, las habilidades y las capacidades de los trabajadores como una forma de capital. Los trabajadores “invierten” en sí mismos mediante educación, capacitación y atención médica, y reciben “retornos” en forma de salarios más altos. El trabajador se transforma así de vendedor de fuerza de trabajo en inversor que acumula capital humano.
Becker escribe en Human Capital (1964):
“Las muchas formas de tales inversiones incluyen la escolarización, la capacitación en computación, los gastos en atención médica y las conferencias sobre las virtudes de la puntualidad y la honestidad. Estas inversiones en capital humano… elevan los ingresos, mejoran la salud o añaden buenos hábitos a lo largo de gran parte de la vida de una persona.”
2. La distorsión teórica
Desde el punto de vista del materialismo dialéctico, esto es un error de categoría de primer orden. Comete el mismo fetichismo que Marx identificó en los economistas vulgares: trata el capital como una cosa en lugar de como una relación social.
La distorsión opera en varios niveles:
a) Confunde capital con fuerza de trabajo. La teoría del capital humano trata la fuerza de trabajo como una forma de capital. Pero la fuerza de trabajo es lo opuesto del capital en el marco marxista.
b) Disuelve la relación de explotación. Si el trabajador es un inversor que recibe retornos sobre su capital humano, entonces el salario no es el precio de la fuerza de trabajo sino el retorno de la inversión. La extracción de plusvalor desaparece de la vista.
c) Individualiza lo que es socialmente determinado. El valor de la fuerza de trabajo está determinado por el costo de su reproducción, que es social e históricamente determinado. No está determinado por decisiones individuales de “inversión”.
d) Naturaliza la relación salarial. La teoría del capital humano presenta la relación salarial como un intercambio voluntario entre iguales. Esto oculta la coerción que subyace a la relación salarial.
3. La función ideológica
La teoría del capital humano cumple una clara función ideológica. Dice a los trabajadores que su pobreza se debe a una inversión insuficiente en sí mismos. Si están desempleados, es porque carecen de las habilidades adecuadas. Si tienen bajos salarios, es porque no han invertido lo suficiente en su capital humano. La violencia estructural de la relación salarial se transforma en un problema de fracaso individual.
Parte III: La distorsión de los mercados laborales
1. El concepto neoclásico del mercado laboral
La economía neoclásica trata el trabajo como una mercancía como cualquier otra. El “mercado laboral” es un espacio donde compradores (empleadores) y vendedores (trabajadores) se encuentran para intercambiar trabajo por salarios. El salario está determinado por la oferta y la demanda.
2. La crítica marxista
Desde el punto de vista del materialismo dialéctico, el concepto de “mercado laboral” es una mistificación. Abstrae del carácter específico de la fuerza de trabajo como mercancía y de la coerción que subyace a su venta.
a) El trabajo no es una mercancía como cualquier otra. La fuerza de trabajo es inseparable del ser humano que la posee.
b) Trabajadores y empleadores no son iguales. El trabajador que vende fuerza de trabajo está en una posición de debilidad estructural.
c) Los salarios no están determinados por la productividad marginal. La teoría de la productividad marginal de los salarios es un argumento circular.
d) El mercado no tiende al equilibrio. El capitalismo se caracteriza por crisis periódicas de sobreproducción, por un ejército de reserva de trabajo y por desempleo estructural.
3. La función ideológica
El concepto de “mercado laboral” sirve para naturalizar la relación salarial. Presenta la venta de fuerza de trabajo como un intercambio voluntario entre iguales, ignorando la coerción que lo subyace. Presenta el desempleo como un fracaso de los trabajadores individuales para hacerse empleables, ignorando las causas estructurales.
Parte IV: La comodificación del trabajo y su mistificación
1. La fuerza de trabajo como mercancía
Bajo el capitalismo, la fuerza de trabajo es una mercancía. Este es el hecho fundamental que Marx analizó. El trabajador vende su capacidad de trabajar por un período definido de tiempo. El salario es el precio de esta mercancía.
2. La teoría del capital humano como profundización de la comodificación
La teoría del capital humano profundiza esta mistificación. No solo trata la fuerza de trabajo como una mercancía; trata al trabajador como un inversor en su propia comodificación. El trabajador no solo vende su fuerza de trabajo; debe gestionarla, invertir en ella, optimizarla. Debe convertirse en un empresario de sí mismo.
Marx escribió en los Manuscritos económico-filosóficos de 1844:
“La alienación del trabajador en su producto significa no solamente que su trabajo se convierte en un objeto, en una existencia externa, sino que existe fuera de él, independientemente, como algo ajeno a él, y que se convierte en un poder propio que lo enfrenta.”
Bajo la teoría del capital humano, esta alienación se intensifica.
3. El trabajador como autoempresario
Foucault, en El nacimiento de la biopolítica, analizó la transformación neoliberal del trabajador en un “empresario de sí mismo”. El trabajador ya no es un vendedor de fuerza de trabajo; es una empresa que produce y vende servicios.
Esta es la culminación lógica de la teoría del capital humano. El trabajador no es un miembro de una clase; es una empresa individual. No es explotado; es un inversor. No es un sujeto colectivo; es un competidor.
Parte V: Las implicaciones políticas
1. La desmovilización de la clase obrera
La teoría del capital humano y la teoría del mercado laboral sirven para desmovilizar a la clase obrera. Dicen a los trabajadores que sus intereses son individuales, no colectivos. Dicen que sus problemas son personales, no estructurales. Dicen que la solución es invertir en sí mismos, no organizarse colectivamente.
2. La reproducción del ejército de reserva
La teoría del mercado laboral presenta el desempleo como una desviación temporal del equilibrio. Pero el desempleo es una característica estructural del capitalismo. El ejército de reserva de trabajo es necesario para el funcionamiento del modo de producción capitalista.
3. El oscurecimiento del imperialismo
La teoría del capital humano y la teoría del mercado laboral son nacionales en su marco. No teorizan la división internacional del trabajo, la superexplotación de la periferia o la transferencia de plusvalor de los dependientes a los centros imperialistas.
Parte VI: Conclusión
Los conceptos de “capital humano” y “mercados laborales” no son descripciones neutrales de la realidad. Son categorías ideológicas que distorsionan las relaciones fundamentales del modo de producción capitalista. Disuelven la distinción entre capital y trabajo, ocultan la explotación del trabajo asalariado y transforman al trabajador en un autoempresario responsable de su propia explotación.
Desde el punto de vista del materialismo dialéctico e histórico clásico:
- El capital es una relación social de producción, no una cosa o un recurso.
- La fuerza de trabajo es una mercancía bajo el capitalismo, pero es una mercancía peculiar.
- La forma salario oculta la explotación al parecer pagar por todo el tiempo de trabajo.
- El mercado laboral no es un mercado como cualquier otro.
- La teoría del capital humano y la teoría del mercado laboral sirven para desmovilizar a la clase obrera.
El trabajador que invierte en su capital humano no se está convirtiendo en capitalista. Está mejorando la calidad de la mercancía que se ve obligado a vender. Está profundizando su propia alienación. Está asumiendo la responsabilidad de su propia explotación.
Marx escribió en El Capital, Volumen 1:
“El avance de la producción capitalista desarrolla una clase obrera que por educación, tradición, hábito, mira las condiciones de ese modo de producción como leyes naturales evidentes.”
La teoría del capital humano y la teoría del mercado laboral están entre las formas más sofisticadas de esta educación. Enseñan al trabajador a ver su explotación como una inversión, su pobreza como un fracaso del capital humano, su desempleo como una deficiencia personal. Son las armas ideológicas de la clase dominante en la época del imperialismo en declive.
La tarea del análisis marxista es penetrar estas apariencias y captar las relaciones reales de explotación. La tarea de la política marxista es construir las organizaciones colectivas—sindicatos, partidos, movimientos revolucionarios—que solas pueden transformar a la clase obrera de una colección de “inversores” individuales en un sujeto colectivo capaz de abolir el modo de producción capitalista.
Referencias
Textos marxistas clásicos
- Marx, K. (1844). Manuscritos económico-filosóficos de 1844.
- Marx, K. (1857–1858). Grundrisse.
- Marx, K. (1859). Contribución a la crítica de la economía política.
- Marx, K. (1867). El Capital, Volumen 1.
- Marx, K. (1894). El Capital, Volumen 3.
- Marx, K. & Engels, F. (1846). La ideología alemana.
- Marx, K. & Engels, F. (1848). El Manifiesto Comunista.
- Engels, F. (1877). Anti-Dühring.
- Lenin, V. I. (1902). ¿Qué hacer?
- Lenin, V. I. (1916). El imperialismo, fase superior del capitalismo.
- Rosenthal, M. M. (1939). Método dialéctico marxista.
- Rosenthal, M. M. (1951). El método dialéctico marxista.
Economía burguesa (para crítica)
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