Un análisis sociologico de redes y desinformacion bajo la ideologia dominante, desde la perspectiva del materialismo dialéctico e histórico, incluyendo a los clasicos del asi como trabajos mas recientes
Introducción: La cuestión y su marco teórico
La cuestión de cómo las redes sociales y la desinformación profundizan la alienación de la clase obrera y mantienen su subordinación ideológica a las élites globalizadas es central para cualquier análisis materialista del capitalismo contemporáneo. La respuesta no puede encontrarse en una crítica moral de las “noticias falsas” ni en una explicación psicológica de las “cámaras de eco.” Debe buscarse en los procesos materiales a través de los cuales el capital subsume la comunicación, la socialidad y la conciencia misma bajo la ley del valor.
La premisa fundamental es que la base económica —el modo de producción y las relaciones de producción— determina la superestructura ideológica. Como escribió Marx en el Prefacio a Contribución a la crítica de la economía política (1859):
“El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia.”
Las redes sociales no son una esfera autónoma de “comunicación” o “tecnología.” Son una empresa capitalista —un medio de producción propiedad del capital monopolista, organizado para la extracción de plusvalía, e integrado en el sistema mundial imperialista. Como señala Nick Srnicek, las plataformas digitales no son simples intermediarios neutrales, sino modelos de negocio que extraen, procesan y monetizan datos, y que deben entenderse dentro de la tradición de la economía política marxista como formas específicas de acumulación de capital. Srnicek clasifica las plataformas en cinco tipos —publicitarias, cloud, industriales, de producto y lean—, cada una con lógicas de extracción y competencia diferenciadas.
Parte I: La base material — las redes sociales como empresa capitalista
1. La plataforma como medio de producción
Las plataformas de redes sociales no son tecnologías neutrales. Son empresas capitalistas organizadas para la extracción de plusvalía. Sus medios de producción son servidores, algoritmos e infraestructura de datos. Su materia prima es la actividad humana —el contenido, las relaciones y la atención de los usuarios. Su producto no es la plataforma en sí, sino la mercancía de la predicción del comportamiento vendida a anunciantes, campañas políticas y agencias estatales.
Este es el fundamento de lo que Dallas Smythe llamó la “mercancía audiencia” (audience commodity). Smythe, fundador de la economía política crítica de la comunicación, argumentó que los medios comerciales financiados por publicidad no venden contenido a las audiencias, sino que venden audiencias a los anunciantes. La contribución de Smythe fue decisiva: demostró que la actividad de la audiencia —su atención, su tiempo, su trabajo de interpretación— es una forma de trabajo no remunerado que produce plusvalía. En el contexto digital, esta categoría se renueva: los usuarios de plataformas como Facebook y Google realizan trabajo no pagado que es explotado por el capital.
Christian Fuchs ha desarrollado esta tesis sistemáticamente. En Digital Labour and Karl Marx (2014), Fuchs sostiene que las plataformas de redes sociales son espacios de explotación del trabajo digital que abarcan desde los “prosumidores” no remunerados hasta los ensambladores de hardware en Foxconn y los mineros de coltán en el Congo. El usuario no paga por el acceso con dinero; paga con su tiempo, su atención y sus datos. Esto es trabajo no remunerado. El usuario produce un producto —su propia vida social, objetivada en datos— que es inmediatamente alienado de él, apropiado por el capital y vuelto contra él.
Marx escribió en los Manuscritos económico-filosóficos de 1844:
“La alienación del trabajador en su producto significa no solamente que su trabajo se convierte en un objeto, en una existencia externa, sino que existe fuera de él, independientemente, como algo ajeno a él, y que se convierte en un poder propio que lo enfrenta.”
2. La subsunción de la comunicación bajo el capital
Marx distinguió entre la subsunción formal del trabajo bajo el capital y la subsunción real. En la era digital, estamos presenciando la subsunción real de la socialidad misma.
La comunicación, que alguna vez fue una esfera relativamente autónoma de interacción humana, ha sido subsumida bajo el capital. La plataforma no solo aloja la comunicación; la moldea, la mide, la mercantiliza y la convierte en fuente de ganancia. La naturaleza social del usuario —su capacidad de cooperación, solidaridad y acción colectiva— es transformada en materia prima para la acumulación de capital.
Jodi Dean ha conceptualizado este fenómeno como “capitalismo comunicativo” (communicative capitalism): una formación político-económica en la que las prácticas comunicativas —la circulación de afectos, opiniones y contenidos— son capturadas por el capital y vaciadas de contenido político. En el capitalismo comunicativo, hay “habla sin respuesta”, una proliferación de comunicación que no produce deliberación ni acción colectiva, sino que es funcional a la reproducción del sistema. Dean argumenta que el capitalismo comunicativo está habilitado y exacerbado por las redes digitales, que reducen la energía política a la simple registro de opiniones y la transmisión de sentimientos. Este no es un accidente: es la forma en que el capital subsume la comunicación bajo su lógica.
Parte II: La profundización de la alienación
Marx identificó cuatro aspectos del trabajo alienado: alienación del producto, del proceso, de la esencia humana (ser genérico) y de los otros humanos. Las redes sociales intensifican cada uno.
1. Alienación del producto
El producto del trabajo del usuario —datos, contenido, relaciones sociales— es apropiado por la plataforma. El usuario no tiene control sobre cómo se usa, quién lo ve o qué se hace con él. El producto no solo es tomado; se vuelve contra el productor.
2. Alienación del proceso
El proceso de trabajo mismo está alienado. El usuario no determina las reglas de la plataforma. El algoritmo decide qué es visible, qué se suprime, qué se promueve. La actividad del usuario está moldeada por los imperativos de la plataforma —engagement, viralidad, monetización.
Alexander Yu Krouglov ha desarrollado el concepto de “alienación algorítmica” para capturar esta dimensión. La alienación algorítmica describe cómo las plataformas de redes sociales mercantilizan la participación democrática y ejercen una forma de gobernanza algorítmica sobre la subjetividad. A través de la mediación algorítmica, las expresiones políticas se transforman en puntos de datos medibles, y el compromiso se desplaza desde la participación significativa hacia interacciones dictadas por métricas. El usuario no experimenta el algoritmo como una fuerza externa de coerción, sino como una lógica inmanente que moldea sus deseos, percepciones y formas de relacionarse.
3. Alienación de la esencia humana
La esencia humana, para Marx, es la capacidad de producir libre, consciente y socialmente. Las redes sociales transforman esta capacidad en su opuesto. La socialidad se convierte en mercancía. La comunicación se convierte en medio de extracción. La inteligencia colectiva de la humanidad es subsumida bajo el capital y convertida en fuente de ganancia.
4. Alienación de los otros humanos
Las redes sociales fragmentan a la clase obrera. Reemplazan las organizaciones colectivas —sindicatos, partidos, asambleas masivas— con redes individualizadas y curadas algorítmicamente. Crean cámaras de eco que aíslan. Movilizan el resentimiento contra chivos expiatorios —inmigrantes, minorías raciales, “élites” en abstracto— en lugar de contra el capital.
Parte III: El fetichismo de la mercancía en la esfera digital
El análisis de Marx del fetichismo de la mercancía en El Capital, Volumen 1, Capítulo 1, es esencial. En la sociedad capitalista, las relaciones sociales entre productores aparecen como relaciones entre cosas. La forma mercancía oculta la explotación en su núcleo.
En la esfera digital, este fetichismo adopta nuevas formas. Las relaciones sociales aparecen como relaciones entre métricas —me gusta, compartidos, seguidores. El algoritmo aparece como una fuerza neutral, técnica, objetiva, cuando en realidad es una relación social de explotación. La plataforma aparece como un mercado de ideas, cuando es una fábrica de ideología.
Parte IV: Ideología y los medios de producción mental
1. Las ideas dominantes
Marx y Engels escribieron en La ideología alemana:
“Las ideas de la clase dominante son en cada época las ideas dominantes, es decir, la clase que es la fuerza material dominante de la sociedad es al mismo tiempo su fuerza intelectual dominante. La clase que tiene a su disposición los medios de producción material tiene al mismo tiempo el control sobre los medios de producción mental.”
En la era digital, los medios de producción mental están concentrados en un puñado de monopolios de plataformas. Estos no son conductos neutrales. Son aparatos ideológicos que producen y reproducen la cosmovisión de la clase dominante.
2. El algoritmo como aparato ideológico
El algoritmo no es una herramienta neutral. Es un mecanismo de producción ideológica. Determina qué es visible, qué se oculta, qué se amplifica, qué se suprime. Moldea las categorías a través de las cuales las personas entienden el mundo. Produce subjetividad.
Matthew Flisfeder, en Algorithmic Desire (2021), argumenta que las redes sociales son una metáfora que revela la forma dominante de la ideología contemporánea: el capitalismo neoliberal. Desde una articulación de marcos marxistas y lacanianos, Flisfeder sostiene que los algoritmos pueden leer nuestro deseo, pero es el capitalismo, no las redes sociales, lo que verdaderamente nos hace antisociales. El algoritmo no crea la alienación; la organiza y la intensifica bajo condiciones capitalistas.
Las políticas de moderación de contenido de las plataformas reflejan los intereses de la clase dominante. Suprimen el contenido revolucionario mientras permiten que florezca el contenido reaccionario. Promueven el individualismo, el consumismo y la despolitización.
3. Lenin y la espontaneidad de la clase obrera
Lenin, en ¿Qué hacer?, argumentó que la clase obrera, dejada a sí misma, desarrolla solo conciencia sindical —la conciencia de la necesidad de negociar mejores salarios y condiciones dentro del sistema existente. La conciencia socialista debe ser traída desde fuera.
En la era digital, esta idea es más relevante que nunca. El desarrollo espontáneo de la conciencia en las redes sociales no conduce al socialismo sino a la fragmentación, el consumismo y la reacción. Las plataformas están diseñadas para prevenir la formación de conciencia revolucionaria.
Parte V: Desinformación y la crisis de la verdad
1. La función estructural de la desinformación
La desinformación no es un subproducto accidental de las redes sociales. Es una característica estructural de la economía de la atención. Las plataformas se benefician del engagement, y el engagement está impulsado por la emoción —miedo, ira, indignación. La verdad a menudo es menos atractiva que la falsedad. El algoritmo recompensa el sensacionalismo, la conspiración y la polarización.
El propio diseño económico de internet y de las redes sociales tiene una responsabilidad estructural en la expansión de la desinformación. Desde sus orígenes, la red se construyó sobre un modelo publicitario que convirtió la atención en mercancía y los datos personales en combustible de la economía digital. Los algoritmos que gobiernan el flujo informativo están optimizados no para priorizar la verdad, sino para maximizar el rendimiento económico. Las emociones —especialmente la indignación, el miedo y el morbo— son más rentables que la información verificada, y la arquitectura de las redes lo sabe.
Shoshana Zuboff ha conceptualizado este sistema como “capitalismo de vigilancia” (surveillance capitalism), un nuevo orden económico que reclama la experiencia humana como materia prima gratuita para prácticas comerciales de extracción, predicción y venta. La lógica de la economía de la atención se alinea con los principios de la escasez de atención: en entornos hipercompetitivos, la desinformación se convierte en un activo lucrativo inserto en el corazón de la economía digital.
Esto crea una crisis de la verdad que profundiza la alienación de la clase obrera. Si el trabajador no puede distinguir la verdad de la falsedad, no puede entender su propia explotación. No puede formar una imagen coherente del mundo. No puede unirse con otros en torno a un programa común.
2. La fabricación del consentimiento
Esto no es un fracaso de las plataformas; es su función. Una clase obrera confundida, fragmentada y desmoralizada es una clase obrera que no puede organizarse. Una clase obrera movilizada en torno a chivos expiatorios y conspiraciones es una clase obrera que sirve a los intereses del capital.
La industria de la desinformación reúne actores heterogéneos: empresas privadas que se presentan como consultoras de marketing político, relaciones públicas o data analytics y ofrecen paquetes que van desde microsegmentación avanzada y astroturfing hasta operación de ejércitos de bots y campañas de difamación; emprendedores de la desinformación que monetizan el tráfico con titulares alarmistas; y Estados con vocación autoritaria que financian operaciones de influencia combinando troles humanos, granjas de bots y cuentas automatizadas. Esta no es una constelación accidental, sino la forma que toma la lucha ideológica bajo condiciones de capitalismo de plataformas.
Parte VI: La dimensión internacional — colonialismo digital y las élites globalizadas
1. Los monopolios de plataformas como instituciones imperialistas
Los monopolios de plataformas están concentrados en el núcleo imperialista —principalmente Estados Unidos. Extraen datos de todo el mundo, incluida la periferia. Esta es una nueva forma de colonialismo digital. Como señalan Wang Cungang y Zhu Fangdi, el imperialismo contemporáneo ha completado su transformación de “depredación colonial en el espacio físico a penetración y explotación en el espacio virtual.”
Ricardo López-Risso ha desarrollado el concepto de “imperialismo digital” como un régimen de acumulación fundamentado en la vigilancia, el análisis predictivo y la dependencia tecnológica. Integrando las contribuciones de Lenin, Castells, Srnicek, Fuchs y Zuboff, López-Risso argumenta que el capitalismo digital constituye una nueva fase del imperialismo basada en la extracción, mercantilización y monetización sistemáticas de datos personales. La infraestructura digital —servidores, cables submarinos, centros de datos— no es neutral: es la base material de un nuevo sistema de dominación global.
En la periferia, esto toma la forma de una doble alienación. La clase obrera está alienada del producto de su trabajo —datos, contenido, atención— que es extraído por el capital extranjero. Y está alienada de los medios de producción mental, que están controlados desde el extranjero.
2. La colonialidad del poder en la era digital
El concepto de colonialidad del poder de Quijano es esencial aquí. Las jerarquías raciales y culturales del colonialismo se reproducen en la esfera digital. Las plataformas privilegian el contenido en inglés, los valores occidentales y los intereses del núcleo imperialista. La clase obrera en la periferia está sometida a una ofensiva ideológica que deslegitima su propia historia, cultura y luchas.
El concepto de “dataficación desigual” (uneven datafication) captura esta dinámica: los ciclos globales de diferenciación y totalización perpetúan la desigualdad para sostener las estructuras capitalistas. La dataficación no es homogénea ni universal, sino que produce diferenciación espacial y desigualdad temporal. El intercambio desigual sostiene la valoración y circulación asimétricas de datos y trabajo digital.
Esto se ve agravado por la superexplotación que Marini identificó como la forma estructural del capitalismo dependiente. La extracción de datos de la periferia no es simplemente una cuestión de “brecha digital”: es una nueva forma de dependencia tecnológica que reproduce las relaciones centro-periferia del imperialismo clásico.
Parte VII: La dialéctica de la resistencia
1. Las contradicciones de la plataforma
Los procesos descritos son dominantes, pero no absolutos. Las mismas plataformas que profundizan la alienación también crean nuevas posibilidades de resistencia. La clase obrera no es pasiva. Las plataformas son terreno contestado.
Bonini y Treré, en Algorithms of Resistance (2024), desafían las narrativas que presentan los sistemas algorítmicos como monolíticos y opacos. Los autores destacan la agencia del usuario, enfatizando cómo los individuos diseñan tácticas para navegar, subvertir y reapropiarse de las infraestructuras de las plataformas. Conceptualizan la “agencia algorítmica” como la capacidad reflexiva de influir en los resultados algorítmicos, una capacidad que está incrustada en contextos sociotécnicos, limitada por las affordances de la plataforma y moldeada por relaciones de poder.
Bonini y Treré distinguen entre agencia algorítmica táctica —los esfuerzos improvisados de usuarios con recursos limitados— y agencia algorítmica estratégica —ejercida desde posiciones de poder institucional o económico, como campañas políticas o equipos de marketing corporativo. Esta tipología permite analizar las formas concretas de resistencia que emergen en la economía digital: desde los repartidores que navegan sistemas de gestión algorítmica como “Frank” en Deliveroo, hasta grupos de WhatsApp y Telegram que sirven como infraestructuras de aprendizaje, resistencia y solidaridad.
Pero estas posibilidades están limitadas por la función material de la plataforma. La plataforma está diseñada para extraer ganancia, no para liberar. El algoritmo está diseñado para maximizar el engagement, no para difundir la verdad.
2. La necesidad del partido de vanguardia
La idea de Lenin sigue siendo válida: la clase obrera no puede alcanzar la conciencia revolucionaria espontáneamente. Debe ser llevada a ella por la vanguardia. En la era digital, esto significa construir medios alternativos, usar las plataformas para difundir la conciencia socialista y organizar a la clase obrera en sus lugares de trabajo y comunidades.
Fuchs ha desarrollado la noción de “socialismo digital” como una respuesta teórica y práctica a la crisis del capitalismo digital. El socialismo digital implicaría la socialización de las infraestructuras digitales, la desmercantilización de los datos y la democratización de los medios de producción mental. Los trabajadores digitales deben unirse para romper el monopolio de la infraestructura de internet y poner la tecnología digital al servicio de los movimientos de resistencia al capitalismo digital.
Parte VIII: Conclusión
La expansión de las redes sociales y la desinformación profundiza la alienación de la clase obrera y mantiene su subordinación ideológica a las élites globalizadas a través de una serie de procesos materiales:
- La subsunción de la comunicación bajo el capital: la transformación de la socialidad en mercancía.
- La extracción de trabajo digital no remunerado: la apropiación de datos, atención y contenido por el capital monopolista.
- La intensificación del fetichismo de la mercancía: la ocultación de la explotación detrás de métricas y algoritmos.
- La concentración de los medios de producción mental: el control de la conciencia por un puñado de plataformas.
- La producción de subjetividad a través de algoritmos: la modelación de la percepción, la emoción y el pensamiento.
- La crisis de la verdad: la fabricación de confusión, fragmentación y desmoralización.
- La dimensión internacional del colonialismo digital: la extracción de datos de la periferia y la imposición de la ideología imperialista.
- La alienación algorítmica: la mercantilización de la participación y la gobernanza algorítmica de la subjetividad.
Estos procesos no son accidentales. Son las formas necesarias de la dominación capitalista en la época del imperialismo en declive. Son los medios por los cuales el tigre herido mantiene su agarre. Pero también son contradictorios. Crean las condiciones para nuevas formas de resistencia. La tarea de los marxistas es comprender estos procesos científicamente e intervenir en ellos —construir el partido revolucionario, elevar la conciencia de clase y prepararse para las crisis inevitables que sacudirán el sistema capitalista hasta sus cimientos.
Como escribió Lenin en sus Cuadernos filosóficos, la dialéctica es “un método no solo de conocimiento, sino también de transformación práctica de la realidad.” La crisis se acerca. La única pregunta es: ¿quién la resolverá, y en interés de quién?
REFERENCIAS
Textos marxistas clásicos
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