Mi estudio sistemático de la persuasión política comienza con el análisis de Harold Lasswell sobre la propaganda en la Primera Guerra Mundial. En ese trabajo, trató la propaganda como la gestión deliberada de las actitudes colectivas al manipular símbolos significativos. Sostuvo que la persuasión de masas se había vuelto un instrumento de estadidad tan importante como la fuerza militar (Lasswell, 1927). El período de entreguerras y de la guerra provocó alarma por la aparente fuerza total de la propaganda. También trajo el primer programa empírico serio para ponerla a prueba. Se trata del programa de Comunicación y Cambio de Actitud de Yale, dirigido por Carl Hovland, Irving Janis y Harold Kelley. Este grupo usó experimentos controlados, muchos originalmente pensados para evaluar películas de entrenamiento y moral del Ejército de los Estados Unidos. Así lograron aislar los efectos de la credibilidad de la fuente, la organización del mensaje y las características de la audiencia sobre el cambio de actitud (Hovland, Janis, & Kelley, 1953).
El enfoque de Yale identificó las tres variables más importantes en la investigación sobre persuasión. Estas son la credibilidad de la fuente, el contenido del mensaje y las predisposiciones de la audiencia. Estas variables sirven como base para diseñar estudios sobre filtraciones, encuestas, ciencia patrocinada y radiodifusión internacional. Más adelante se mencionan estos estudios. En ellos, la autenticidad u objetividad percibida funciona de manera parecida a las heurísticas de credibilidad que Hovland y sus colegas identificaron en experimentos.