Las encuestas realizadas después de la guerra desmintieron la creencia de la época de entreguerras sobre el poder absoluto de la propaganda. La síntesis de Joseph Klapper fijó la idea de los “mínimos efectos”. Según Klapper, los medios de comunicación suelen reforzar las ideas previas de las personas por medio de la exposición selectiva y la mediación interpersonal. No logran convencer al público de forma directa (Klapper, 1960). El estudio de Chapel Hill de Maxwell McCombs y Donald Shaw revisó este enfoque. Encontraron que la importancia de los temas en las noticias coincidía mucho con la importancia que los votantes les daban. Esto resultó sorprendentemente eficaz para indicarles sobre qué pensar (McCombs & Shaw, 1972).
El establecimiento de agenda se amplió hacia el priming. Este es el proceso en el que las ideas que la cobertura vuelve importantes se convierten en estándares para evaluar a los actores políticos. También se amplió hacia el framing. En este proceso, la selección de aspectos de una realidad percibida y su importancia para la persona moldean su interpretación (Entman, 1993). La síntesis de David Weaver ubica estos tres conceptos como procesos relacionados pero distintos en el análisis. Funcionan en diferentes niveles de la influencia de los medios (Weaver, 2007). Los estudios actuales siguen probando cuánto duran estos efectos. Un estudio reciente sobre varias oleadas de exposición a medios partidistas modela tanto la caída de los efectos persuasivos entre exposiciones como su acumulación con exposiciones repetidas. Destaca que la persuasión de los medios es una función dinámica de la frecuencia y la cercanía de la exposición (Broockman, Kalla, et al., 2025).