En base a las explicaciones anteriores sobre el procesamiento de la información y acerca de la resistencia a la persuasión (McGuire, 1961), el Modelo de Probabilidad de Elaboración (ELM, por sus siglas en inglés) de Richard Petty y John Cacioppo propuso que la persuasión ocurre de dos maneras. Una es la vía central, donde la audiencia piensa a fondo en la calidad del argumento que se les presenta. Esto ocurre cuando hay mucha motivación y capacidad para pensar. La otra es la vía periférica, donde el cambio de actitud se da por señales simples cuando la motivación o la capacidad son bajas (Petty & Cacioppo, 1986).
Al aplicarlo a la comunicación política, el modelo predice, y las extensiones recientes lo confirman, que los mensajes políticos suelen procesarse de forma periférica. En estos casos, las señales de la fuente partidista reemplazan la evaluación del argumento, sobre todo entre los seguidores más identificados (Luttrell & McRobert, en prensa).
Esto explica por qué las filtraciones a los medios, las encuestas y los comentarios de expertos patrocinados pueden convencer aunque ofrezcan pocos argumentos sólidos. Una fuente interna de una filtración, los números altos o bajos en una encuesta y el respaldo de un experto reconocido funcionan como señales periféricas. Estas señales hacen que la gente evalúe menos a fondo, sobre todo cuando el contenido político coincide con las ideas de la audiencia.