UNA EVALUACIÓN DIALÉCTICA E HISTÓRICO-MATERIALISTA, DE LOS CONCEPTOS DE “GUSTO” Y “HABITUS” DE BOURDIEU
Introducción: La cuestión
Desde el punto de vista del materialismo dialéctico e histórico clásico, los conceptos de gusto y habitus de Bourdieu poseen un valor descriptivo y empírico genuino como relatos de cómo se transmiten y reproducen las disposiciones culturales basadas en la clase. Sin embargo, este valor es limitado y unilateral. Bourdieu identifica con precisión qué ocurre—la transmisión intergeneracional de preferencias estéticas específicas de clase, compostura corporal y aptitudes “naturales”—pero no explica adecuadamente por qué ocurre de la manera en que ocurre. Su marco permanece al nivel del fenómeno más que de la esencia, porque carece de una teoría del valor, la explotación y las relaciones de producción que determinan en última instancia la distribución y reproducción del capital cultural.
Parte I: Las intuiciones válidas — El gusto como marcador social, el habitus como clase encarnada
El logro central de Bourdieu en La distinción (1979) fue demostrar empíricamente que las preferencias estéticas no son expresiones inocentes de la personalidad individual sino marcadores socialmente estructurados de la posición de clase. El consumo, en su análisis, “no es meramente una expresión de individualidad sino una herramienta para reforzar distinciones sociales y reproducir estructuras de clase” (Bourdieu, 1984). Los juicios de gusto, lejos de ser universales, son armas en la lucha por la jerarquía social: “las clases dominantes validan su poder social imponiendo los gustos de la clase alta como estándares universales, perpetuando jerarquías sociales mientras oscurecen las desigualdades económicas subyacentes” (Bourdieu, 1984).
Esto es un avance genuino sobre tanto la suposición idealista de que el gusto es una cuestión de cultivo personal autónomo como la reducción economicista de la cultura a un mero reflejo de intereses económicos. Bourdieu mostró que el gusto “legítimo” de la clase dominante está institucionalizado en el sistema educativo, que “simultáneamente privilegia y oculta el capital cultural heredado por los dominantes” (Bourdieu & Passeron, 1990). El niño que llega a la escuela poseyendo ya los códigos lingüísticos, las referencias culturales y las disposiciones corporales de la clase dominante es tratado como “dotado,” mientras que el niño de clase obrera que carece de ellos es tratado como deficiente. Este es el mecanismo de la violencia simbólica—la imposición de significados como legítimos mientras se ocultan las relaciones de poder que los subyacen (Bourdieu, 2000).
El concepto de habitus captura una dimensión real e importante de la reproducción de clase: la manera en que las estructuras sociales se encarnan como disposiciones duraderas y transponibles. El habitus es “un sistema de disposiciones—un pasado que sobrevive en el presente y tiende a perpetuarse en el futuro” (Bourdieu, 1990). El habitus de la clase obrera produce un “gusto por la necesidad”—una preferencia por la sustancia sobre la forma, la cantidad sobre la calidad, lo práctico sobre lo estético. El habitus burgués produce un “gusto por la reflexión”—una preferencia por la forma, el estilo y la apreciación desinteresada del arte (Bourdieu, 1984). Estas no son meras opiniones; son cuerpos clasistas, formas de caminar, hablar, comer y percibir que llevan las marcas de su origen social.
Parte II: Las limitaciones teóricas — Ausencia del valor, negligencia de la producción
La limitación fundamental del marco de Bourdieu es su falta de una teoría del valor y del trabajo. Bourdieu describe la circulación y conversión del capital cultural, social y simbólico. No explica el origen del valor en la explotación de la fuerza de trabajo. No teoriza el plusvalor. No fundamenta la reproducción cultural en las relaciones de producción que constituyen el modo de producción capitalista.
Esta no es una omisión incidental. Es una característica estructural de su teoría. Como argumenta Michael Burawoy, “donde Marx ve las relaciones de producción conduciendo a la lucha de clases y la revolución, Bourdieu ve la práctica corporal instilando la dominación simbólica a través del habitus” (Burawoy, 2018). El resultado es una teoría que describe la reproducción de la dominación pero no puede explicar su transformación. Los agentes de Bourdieu están en gran medida atrapados en la lógica de su habitus. Reproducen las estructuras que los dominan sin reconocerlas como tales. No hay una teoría de la conciencia de clase en el sentido marxista—ningún relato de cómo la clase obrera puede convertirse en un sujeto colectivo capaz de abolir el modo de producción capitalista. Una crítica marxista señala la “incapacidad de Bourdieu para concebir a los dominados como algo distinto de engañados y sumisos” (Atkinson, 2023).
Este es el precio teórico del eclecticismo de Bourdieu. Se apoya en Marx, Weber, Durkheim y la fenomenología, pero no los integra en un marco materialista coherente. Reconoce que “el capital económico está en la raíz de todos los demás tipos de capital” (Bourdieu, 1986), pero no fundamenta esta intuición en una teoría de la explotación. El resultado es un marco que es descriptivamente rico pero teóricamente superficial—una fenomenología de la dominación más que una economía política de la explotación.
Parte III: La reinterpretación dialéctico-materialista
Desde el punto de vista del materialismo dialéctico, los conceptos de Bourdieu pueden y deben ser subsumidos dentro de un marco materialista—reteniendo sus intuiciones descriptivas mientras se desarrolla el marco teórico que las fundamente en las relaciones de producción. Esto requiere tres movimientos teóricos:
Primero, el gusto y el habitus deben entenderse como formas históricamente específicas de conciencia de clase y reproducción ideológica. No son características universales de la sociedad humana sino productos del modo de producción capitalista, en el que la separación del productor de los medios de producción crea las condiciones para la transmisión sistemática del privilegio de clase a través de mecanismos culturales. El gusto “legítimo” de la burguesía no es meramente un marcador de estatus; es un arma ideológica en la lucha de clases, un medio por el cual la clase dominante oculta la explotación del trabajo detrás de la apariencia de superioridad natural.
Segundo, la explicación de los mecanismos de transmisión del capital cultural debe fundamentarse en las relaciones de producción. Bourdieu describe cómo el capital cultural se transmite de generación en generación, pero no explica por qué esta transmisión toma la forma que toma. Desde un punto de vista materialista, la respuesta reside en la reproducción de la estructura de clase en su conjunto . La burguesía transmite capital cultural a sus hijos no meramente para mantener estatus sino para asegurar la reproducción de su posición de clase—su control sobre los medios de producción y su capacidad de apropiarse del plusvalor. El sistema educativo funciona como un aparato ideológico del Estado que legitima esta reproducción presentándola como el resultado del mérito individual (Althusser, 1971).
Tercero, el concepto de habitus es susceptible a ser y debe ser dialectizado. El habitus de Bourdieu es abrumadoramente reproductivo—explica cómo las estructuras persisten a través de las acciones de los individuos. El relato dialéctico-materialista debe explicar cómo el habitus puede ser perturbado y transformado mediante la práctica revolucionaria. La clase obrera no meramente reproduce su propia dominación; también desarrolla, mediante la lucha, nuevas disposiciones, nuevas formas de solidaridad y nuevas capacidades de acción colectiva. El habitus de la clase obrera no es meramente un “gusto por la necesidad”; es también un potencial de resistencia—una capacidad de reconocer la explotación y organizarse contra ella (Wrigley, 2013).
Parte IV: Las apuestas políticas
Las apuestas políticas de esta cuestión teórica son claras. El marco de Bourdieu, en su forma pura, conduce a una política pesimista y quietista. Si los dominados están perpetuamente atrapados en su habitus, si la violencia simbólica se reproduce a través de las disposiciones más íntimas del cuerpo, entonces las perspectivas de cambio revolucionario parecen sombrías. Esta es la fuente de la propia trayectoria política de Bourdieu—intelectual izquierdista pero reformista, solidario con los movimientos sociales pero no con el derrocamiento revolucionario.
Un análisis dialéctico-materialista, por el contrario, insiste en que el factor subjetivo—el movimiento revolucionario organizado de la clase obrera—puede perturbar la reproducción de la dominación simbólica y transformar la conciencia. La tarea no es limitarse a describir los mecanismos de la reproducción cultural como hace Bourdieu, sino intervenir en ellos y construir instituciones alternativas de educación y cultura, y pasa por desarrollar un partido revolucionario capaz de elevar la conciencia de clase, y organizar a la clase obrera como un sujeto colectivo capaz de abolir el modo de producción capitalista.
Parte V: Conclusión
Los conceptos de gusto y habitus de Bourdieu tienen valor real para describir la manera en que se transmiten y reproducen las disposiciones culturales basadas en la clase. Iluminan mecanismos de dominación simbólica que los materialistas científicos a veces no han abordado o desarrollado. Pero estos conceptos son teóricamente inadecuados desde la perspectiva materialista histórica y dialéctica para explicar la realidad y transformarla porque están ausentes la teoría del valor, la explotación y las relaciones de producción. Describen la circulación del capital cultural pero no su origen. Describen la reproducción de la dominación pero no su transformación. Desde este punto de vista, las intuiciones de Bourdieu deben ser subsumidas dentro de un marco materialista que establezca el nexo con la base material y fundamente la reproducción cultural basada en la explotación de la fuerza de trabajo y que apunte hacia el derrocamiento revolucionario del modo de producción capitalista.
Referencias
Obras de Pierre Bourdieu
- Bourdieu, P. (1984). Distinction: A Social Critique of the Judgement of Taste. Harvard University Press.
- Bourdieu, P. (1986). “The Forms of Capital.” En J. Richardson (Ed.), Handbook of Theory and Research for the Sociology of Education. Greenwood.
- Bourdieu, P. (1990). The Logic of Practice. Stanford University Press.
- Bourdieu, P. (2000). Pascalian Meditations. Stanford University Press.
- Bourdieu, P. & Passeron, J.-C. (1990). Reproduction in Education, Society and Culture. Sage.
Críticas y diálogos marxistas
- Althusser, L. (1971). “Ideology and Ideological State Apparatuses.” En Lenin and Philosophy and Other Essays. Monthly Review Press.
- Atkinson, W. (2023). “Marxism versus Bourdieu on Domination, Consciousness and Resistance: An Engagement with Burawoy on Bourdieu.” Journal of Classical Sociology.
- Burawoy, M. (2018). “The Poverty of Philosophy: Marx Meets Bourdieu.” En The Oxford Handbook of Pierre Bourdieu. Oxford University Press.
- Wrigley, T. (2013). “Class and Culture: Sources of Confusion in Educational Sociology.” Journal for Critical Education Policy Studies, 11(1), 144–183.
- 李华斗. (2012). “惯习与理性的张力——布迪厄社会本体论的’模糊逻辑’.” 重庆邮电大学学报.
Textos marxistas clásicos
- Marx, K. (1844). Manuscritos económico-filosóficos de 1844.
- Marx, K. (1867). El Capital, Volumen 1.
- Marx, K. (1894). El Capital, Volumen 3.
- Marx, K. & Engels, F. (1846). La ideología alemana.
- Marx, K. & Engels, F. (1848). El Manifiesto Comunista.
- Lenin, V. I. (1902). ¿Qué hacer?
- Lenin, V. I. (1916). El imperialismo, fase superior del capitalismo.
- Rosenthal, M. M. (1939). Método dialéctico marxista.
- Rosenthal, M. M. (1951). El método dialéctico marxista.
Teoría marxista latinoamericana
- Marini, R. M. (1973). Dialéctica de la dependencia.
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Teoría marxista china
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