Psicologia Social y Política

RAND corporation, analisis estructural,

RAND Corporation: análisis estructural de una infraestructura de poder

Resumen

La RAND Corporation es una de las instituciones de investigación de políticas públicas más influyentes de Estados Unidos, con una presencia sostenida en la seguridad nacional, la economía, la salud y las relaciones internacionales. Este artículo examina las raíces estructurales de su orientación investigadora desde tres dimensiones: su posición institucional, su trayectoria histórica y el contenido de sus productos. El análisis muestra una tensión de fondo entre la pretensión de objetividad de RAND y su dependencia institucional: su estatuto de operador de Centros de Investigación y Desarrollo Financiados por el Gobierno Federal (FFRDC), una dependencia de fondos federales cercana al 90 % de sus ingresos por contratos y subvenciones en Estados Unidos, su origen en la planificación bélica de la Fuerza Aérea y la circulación de personal entre la institución y el aparato de gobierno configuran un marco en el que la preservación de la primacía estratégica estadounidense opera como premisa tácita. Esto no implica que cada estudio de RAND sirva a un interés hegemónico; el registro documental incluye trabajos que contradijeron políticas vigentes de sus propios patrocinadores. Lo que el marco delimita no son las conclusiones, sino el espacio de preguntas: RAND puede cuestionar con rigor los medios de la política estadounidense, pero rara vez sus fines. El artículo sostiene que clasificar a RAND como “sesgada” u “objetiva” es una simplificación; su objetividad es real dentro de los parámetros de un marco institucional que no es neutral.

Este artículo no pretende emitir un juicio global de “sesgada” o “no sesgada”: tal juicio carece de valor operativo y omite la heterogeneidad de los productos de un think tank. Examina, en cambio, las condiciones estructurales de la producción de RAND: qué arreglos institucionales, trayectorias históricas y modos de producción de conocimiento hacen que ciertas preguntas se planteen mientras otras se omiten, y que ciertas conclusiones se presenten como “racionales” mientras otras quedan fuera del debate. Para que el argumento sea refutable, la sección 5 especifica qué evidencia lo debilitaría. La pregunta pertinente no es si RAND miente, sino qué le impide preguntar su posición.

Posición del autor

Este análisis parte de una posición declarada: la primacía estratégica estadounidense no es un bien neutral ni un presupuesto incuestionable, y las instituciones que la producen intelectualmente deben analizarse como infraestructura de poder, no como árbitros neutrales del conocimiento. El criterio con el que se evalúa a RAND en este texto es comprender qué es realmente y cuáles son sus límites, en interés de un orden internacional entendido como bien común —y no como extensión de uno o varios países poderosos— y de los Estados y las poblaciones que puedan verse afectados por la política exterior resultante. El texto no pretende una neutralidad que no tiene ni propone una política exterior alternativa. Tampoco evalúa instituciones equivalentes de otros países ni responde a la pregunta de qué hacer con RAND.

1. Introducción: la pregunta correcta

RAND Corporation se define como “nonprofit, nonpartisan” y afirma que sus investigaciones “are driven by rigorous evidence and deep expertise—not commercial or partisan interests” (RAND Corporation, s. f.-c). Sus críticos la presentan como motor intelectual del poder global estadounidense (Abella, 2008). Ambos enunciados son ciertos en su nivel, y ambos son insuficientes.

La pregunta pertinente no es si RAND es sesgada u objetiva. Esa dicotomía es estéril porque presupone que el sesgo es una desviación corregible y la objetividad un estado alcanzable. La pregunta pertinente es: ¿qué tipo de institución es RAND, para quién produce conocimiento y qué le impide preguntar ciertas cosas?

Este texto responde a esa pregunta desde la posición declarada más arriba, pero no convierte esa posición en consigna: el análisis que sigue se sostiene o se cae por sus datos, sus inferencias y su coherencia interna, no por la dirección de su crítica.

2. Posición institucional: de la imbricación a la dependencia estructural

2.1 El estatuto de FFRDC y la estructura de financiamiento

RAND no es una institución académica independiente. Es, ante todo, un contratista de investigación del Estado estadounidense en el campo de la seguridad nacional, con una diversificación temática que no altera esa función principal.

Opera cuatro FFRDC: tres patrocinados por el Departamento de Defensa y uno por el Departamento de Seguridad Nacional, el Homeland Security Operational Analysis Center (HSOAC), todos centrados en las misiones de esos departamentos (RAND Corporation, s. f.-a). En 2022, el Departamento de Seguridad Nacional adjudicó a RAND, sin licitación competitiva, un contrato de 495 millones de dólares por cinco años para seguir operando el HSOAC hasta marzo de 2027 (U.S. Government Accountability Office [GAO], 2024).

La dependencia financiera es cuantificable y persistente:

IndicadorValorFuente
Contratos de Defensa, Fuerza Aérea y NASA sobre el total, c. 1967Más del 90 %Hevesi (2015), The New York Times
Ingresos por contratos y subvenciones en EE. UU. procedentes de agencias federales, ejercicio 202388 %RAND Corporation (2025)
Ídem, ejercicio 202489 %RAND Corporation (2025)

Nota. La cifra de c. 1967 se refiere al total de contratos; las de 2023 y 2024, a los ingresos por contratos y subvenciones en Estados Unidos. Las bases de cálculo no son idénticas, por lo que la serie no debe leerse como una tendencia. No se incluye un dato para el ejercicio 2025 porque, a la fecha de redacción, RAND no lo publica en una fuente primaria verificable.

La diversificación temática iniciada a fines de los años sesenta amplió los campos de estudio, pero no alteró la fuente principal de financiamiento: más de medio siglo después, el cliente dominante sigue siendo el Estado federal y, dentro de él, el aparato de seguridad nacional.

Por eso, más que de una “imbricación” entre dos entidades que se penetran mutuamente, cabe hablar de una relación de dependencia estructural: una entidad existe porque la otra la financia y le encarga preguntas. Llamar a RAND “think tank” o “institución de investigación de políticas públicas” difumina lo que es: infraestructura intelectual del poder estatal estadounidense. Quien lea sus productos debe leerlos sabiendo esto, del mismo modo que se lee el informe de una consultora sabiendo que responde a su cliente.

2.2 La orientación aplicada del think tank

Esta configuración no es un defecto de RAND, sino un rasgo de diseño. John Beck y Ryan Bishop lo formulan con precisión: “unlike scholarly or scientific research, think tanks like RAND are not tasked with the disinterested production of knowledge; they are precisely concerned with the delivery of information or data that can be applied to address particular issues” (Beck y Bishop, 2020, cap. 4). La historiadora Sophia Dafinger muestra, para los expertos en guerra aérea, que el Pentágono esperaba de ellos respuestas definitivas traducibles en programas prácticos, una exigencia ajena al trabajo universitario (Dafinger, 2020).

La orientación aplicada no es en sí misma impropia. El problema surge cuando el cliente es el aparato de seguridad nacional, porque entonces el espacio de problemas investigables queda delimitado por las necesidades de ese cliente antes de que comience cualquier análisis. La pregunta “¿cómo ganar esta guerra?” excluye la pregunta “¿debería librarse esta guerra?”. No es censura; es arquitectura. Y la arquitectura no se corrige con buenas intenciones individuales.

2.3 La circulación de personal

La dependencia se refuerza con la circulación de personas entre RAND y el gobierno. Donald Rumsfeld formó parte del consejo de administración (board of trustees) de RAND durante más de dos décadas y lo presidió antes de su segundo mandato como secretario de Defensa (RAND Corporation, 2007, 2021). Zalmay Khalilzad trabajó en RAND durante la década de 1990 antes de ocupar cargos centrales en la política hacia Afganistán e Irak. El vínculo de Paul Wolfowitz es indirecto: se formó con Albert Wohlstetter, estratega de RAND, en la Universidad de Chicago (Swidey, 2003).

La coincidencia de nombres no demuestra que productos concretos de RAND causaran decisiones concretas; inferirlo sería culpa por asociación. Lo que demuestra es una condición estructural: cuando las mismas personas ocupan alternativamente la posición del analista y la del decisor analizado, la independencia del análisis deja de ser una premisa y se convierte en algo que debe demostrarse caso por caso. La puerta giratoria no prueba el sesgo, pero anula la presunción de independencia. Y en una institución cuyo financiamiento depende del mismo aparato que analiza, esa presunción no se recupera con declaraciones de integridad.

3. Trayectoria histórica: de la estrategia nuclear al “orden basado en reglas”

3.1 La disuasión nuclear y sus supuestos

Durante la Guerra Fría, RAND fue el principal centro de producción de la estrategia nuclear estadounidense. Pensadores como Bernard Brodie, Albert Wohlstetter y Thomas Schelling, vinculados a RAND, construyeron allí un nuevo campo de conocimiento y se erigieron en autoridades epistémicas sobre un problema marcado por la incertidumbre radical (Fraise, 2026). Herman Kahn, también analista de RAND, llevó esa lógica hasta sus consecuencias extremas; para él, una organización de investigación no funcionaba bien si se ocupaba de “questions without answers or problems without solutions” (citado en Beck y Bishop, 2020).

El núcleo de la teoría de la disuasión racional es que ambas partes calculan los costos y beneficios de un ataque y desisten si los costos son mayores (Arie, 2016). Ese supuesto de racionalidad compartida trata al adversario como una réplica del propio modelo de decisión y deja sin examinar por qué el adversario actúa como actúa.

Sin embargo, la crítica más influyente a ese supuesto surgió dentro de RAND. En 1977, Jack Snyder, en un informe de Project AIR FORCE, introdujo el concepto de cultura estratégica para sostener que la doctrina soviética sobre operaciones nucleares limitadas respondía a una tradición propia y no a la racionalidad presupuesta por los modelos estadounidenses (Snyder, 1977). Ese informe se reconoce como el punto de partida del campo (Zaman, 2009).

El caso es instructivo en ambas direcciones. RAND podía corregir sus propios supuestos, pero la corrección se produjo al servicio del mismo cliente y del mismo objetivo: disuadir con mayor eficacia. La autocrítica de RAND ha sido real, pero ha operado sobre los medios de la disuasión, no sobre su finalidad. Esto no es una simple tensión interna ni una limitación accidental: es la condición de posibilidad de su producción. Si RAND cuestionara sistemáticamente los fines de sus clientes, dejaría de ser RAND.

3.2 El “orden basado en reglas”

El patrón persiste después de la Guerra Fría. El resumen de la serie Strategic Rethink, publicado en 2017, concluye que “the United States should continue to take the lead in sustaining and extending a rules-based international order”, que las perspectivas de crecimiento de Estados Unidos “are better than those of any other major developed country” y que “domestic political dysfunction is the greatest obstacle to effective U.S. global leadership” (Hoehn et al., 2017). El mismo documento presenta tres orientaciones estratégicas:

OrientaciónFormulación del informeRelación con el liderazgo global
Moderación internacional y renovación internaDefine estrechamente los intereses, fija objetivos globales modestos y limita compromisos militares y políticosLo reduce
Estados Unidos como promotor del orden mundial“The world without U.S. leadership is a Hobbesian place”Lo maximiza
Adaptarse y competir en un mundo cambianteAcepta la globalización y fija límites a las obligaciones de seguridadLo recalibra

Fuente: elaboración propia a partir de Hoehn et al. (2017).

Una lectura justa debe reconocer que el informe expone la moderación como opción formalmente equivalente e incluso la enumera en primer lugar. El sesgo no está en la exclusión de la alternativa, sino en la asimetría del encuadre: las conclusiones generales afirman el liderazgo como punto de partida, y la moderación queda así presentada como desviación respecto de una norma ya establecida. Dos de las tres opciones mantienen algún grado de liderazgo, y el escenario sin liderazgo estadounidense se describe con la imagen hobbesiana del caos.

En el marco de RAND, la primacía no necesita justificarse; lo que debe justificarse es renunciar a ella. No se trata de un sesgo detectable en una frase, sino de la arquitectura del documento, que es exactamente lo que cabría esperar de una institución cuyo financiamiento depende del aparato que ejecuta esa primacía.

4. La pretensión de objetividad: rigor instrumental, silencio crítico

4.1 Rigor metodológico demostrable

En los campos con metodologías consolidadas, el rigor de RAND está bien documentado. Su modelo de microsimulación COMPARE, que estima los efectos de reformas sanitarias sobre la cobertura, los gastos de bolsillo y el gasto público, fue citado por la Corte Suprema de Estados Unidos en King v. Burwell (RAND Corporation, 2015a, 2017). Su método de toma de decisiones robusta (Robust Decision Making, RDM) se aplicó al estudio sobre oferta y demanda de agua en la cuenca del río Colorado (Groves et al., 2013). La institución declara, además, procesos de control de calidad, divulgación de las fuentes de financiamiento y políticas de independencia intelectual (RAND Corporation, s. f.-d).

4.2 El rigor no despolitiza la selección de problemas

El rigor metodológico no equivale a neutralidad en la selección de problemas. Un proyecto que investiga cómo optimizar la ventaja militar estadounidense, por riguroso que sea su método, ya da por resuelta la pregunta de si esa ventaja debe perseguirse. Beck y Bishop (2020) sitúan este rasgo en el clima intelectual de posguerra: la desconfianza hacia la ideología “presupposed an intellectual environment that focused on the technical assessment of means rather than challenging the broader structures within which solutions to problems might be addressed”. En la lógica de Kahn, concluyen, “only that which can be made amenable to thinking about policy is worth thinking about”. Cuando el análisis técnico reemplaza a la deliberación como fuente de legitimidad, el marco del análisis adquiere un privilegio que no se somete a examen.

La objetividad de RAND es instrumental, no crítica. Un misil guiado con precisión es objetivo en el sentido de que da en el blanco; no lo es en el sentido de poder preguntarse si el blanco debía ser atacado. RAND puede calcular con rigor los costos de distintas posturas de disuasión, las causas del fin de los grupos terroristas o los escenarios de una guerra prolongada en Ucrania. Lo que no hace —no porque se lo prohíban, sino porque su posición estructural no lo genera— es preguntarse sistemáticamente si Estados Unidos debe mantener su primacía militar global.

4.3 Vietnam: cuando la evidencia contradice la estrategia

El caso más revelador no es un escándalo, sino un proyecto de investigación. En 1964, Joseph Zasloff y John Donnell iniciaron el proyecto Viet Cong Motivation and Morale y concluyeron que los insurgentes eran militantes muy disciplinados y comprometidos con la revolución, y que existía una fuerte correlación entre el uso de la potencia de fuego y el creciente apoyo al Viet Cong (Donnell et al., 1965; Brigham et al., 2010). El historiador Robert K. Brigham describe su informe de marzo de 1965 como “a bombshell that produced no damage”: los responsables de la política lo consideraron demasiado pesimista, pese a que describía con acierto cómo la política estadounidense fortalecía a la insurgencia (Brigham et al., 2010).

La respuesta institucional fue reorientar la pregunta. Guy Pauker, a cargo de los proyectos de investigación, propuso pasar de comprender la fuerza del Viet Cong a identificar sus vulnerabilidades: qué lo hacía vulnerable y qué temía. El nuevo director del proyecto, Leon Gouré, sostuvo tras revisar la evidencia que no había un solo caso demostrado de un vietnamita que se hubiera unido a la insurgencia a causa de los daños causados por bombardeos o artillería (Brigham et al., 2010; Elliott, 2010). Su lectura, favorable al uso del poder aéreo, fue la que mejor encajó con la estrategia de escalada. Conviene añadir que sus métodos fueron cuestionados dentro de la propia RAND, que terminó apartándolo de la dirección del proyecto, aunque para entonces sus conclusiones ya habían circulado en Washington (Brigham et al., 2010).

El episodio muestra el mecanismo con exactitud. RAND produjo evidencia disidente de alta calidad, pero su impacto dependió de que encajara en la estrategia del cliente, y la reformulación de la pregunta desplazó el hallazgo incómodo. El sesgo estructural no opera suprimiendo resultados, sino decidiendo qué pregunta merece el siguiente contrato. No se trata de una crítica a la honestidad de los investigadores, sino de una descripción de cómo funciona una institución cuyo financiamiento depende de que sus preguntas sean útiles para quien paga.

4.4 Los Papeles del Pentágono: la dependencia del patrocinador

Daniel Ellsberg se incorporó a RAND en 1958, de forma permanente desde 1959, y en 1967 formó parte del equipo de analistas que participó en el estudio sobre la intervención en Vietnam encargado por el secretario de Defensa Robert McNamara. RAND custodiaba copias del estudio clasificado; Ellsberg fotocopió una de ellas en 1969, mientras aún trabajaba en la institución, y la entregó a The New York Times, que comenzó a publicarla el 13 de junio de 1971, cuando él ya había dejado RAND para incorporarse al MIT (RAND Corporation, s. f.-b, 2023).

Las consecuencias revelan la dependencia institucional. La filtración indignó a los patrocinadores militares; la Fuerza Aérea destacó a un oficial en RAND para controlar los documentos clasificados, y hubo dudas sobre la renovación de su contrato e incluso sobre la supervivencia de la institución (Los Angeles Times, 1998). Para los clientes militares y parte del consejo, ya inquietos por la expansión hacia la política social, la filtración fue “the final straw”. El presidente de RAND, Henry Rowen, anunció su renuncia a fines de 1971 y dejó el cargo en abril de 1972 (Hevesi, 2015; RAND Corporation, 2015b).

Lo que Ellsberg hizo no fue un análisis que traspasara un límite ideológico, sino la divulgación no autorizada de material clasificado, y cualquier institución depositaria habría enfrentado consecuencias. Lo que el episodio demuestra es otra cosa: que la continuidad institucional de RAND dependía de la confianza de un cliente casi único, y que una crisis de esa confianza podía poner en duda su existencia. Esa vulnerabilidad es la que convierte la autolimitación en una conducta racional antes que en censura: es la lógica de una institución que existe porque un poder la financia.

5. Contraejemplos: la disidencia instrumental como función del poder

Una tesis de sesgo estructural solo tiene valor analítico si admite evidencia contraria. Los siguientes trabajos de RAND contradijeron políticas o posiciones dominantes de su entorno:

EstudioConclusiónQué muestra
Sexual Orientation and U.S. Military Personnel Policy (1993)Evaluó, a solicitud del secretario de Defensa, cómo poner fin a la exclusión por orientación sexual en las Fuerzas Armadas (RAND Corporation, 1993)La disidencia frente a la cultura militar fue posible porque respondía a un cliente civil del mismo departamento
How Terrorist Groups End (2008)De 648 grupos activos entre 1968 y 2006, la mayoría terminó por su incorporación al proceso político (43 %) o por la acción policial y de inteligencia (40 %); la fuerza militar explicó solo el 7 % (Jones y Libicki, 2008)Cuestionó el enfoque militar de la “guerra contra el terrorismo”
Avoiding a Long War (2023)Evitar una guerra prolongada en Ucrania es para Estados Unidos una prioridad mayor que facilitar un control territorial ucraniano significativamente mayor (Charap y Priebe, 2023)Se apartó del consenso político de Washington en ese momento
The Soviet Strategic Culture (1977)Los modelos de racionalidad compartida no explicaban la doctrina soviética (Snyder, 1977)Autocrítica de los supuestos fundacionales de la disuasión

Estos casos refutan la versión fuerte de la tesis, según la cual RAND solo produce conclusiones favorables a la política vigente. No refutan la versión estructural. Los cuatro razonan desde las necesidades del Estado estadounidense como criterio de evaluación —la eficacia de su fuerza militar, de su contraterrorismo, de su política exterior o de su disuasión—. Avoiding a Long War no se pregunta qué le conviene a Ucrania o al orden internacional, sino qué le conviene a Estados Unidos. How Terrorist Groups End propone medios más eficaces para el mismo fin. La disidencia de RAND es, con regularidad, una disidencia sobre los medios.

De ahí se sigue una conclusión más fuerte, que el análisis convencional suele evitar: estos contraejemplos sugieren que el sistema tolera la disidencia instrumental porque la necesita. Un aparato de seguridad que no puede corregir sus medios se vuelve incompetente. RAND funciona como un mecanismo por el cual el poder estadounidense se autocorrige en los medios sin tener que cuestionarse en los fines. La disidencia es funcional, no subversiva. Esto ayuda a explicar por qué Avoiding a Long War pudo publicarse: no cuestionaba la legitimidad de la implicación estadounidense en el conflicto de Ucrania, sino la eficacia de una estrategia concreta. Y explica por qué los estudios sobre contrainsurgencia o sobre terrorismo pueden contradecir al Pentágono: porque el Pentágono necesita saber qué funciona. La crítica de medios es un insumo del poder, no una impugnación de su legitimidad.

Criterio de refutación explícito: la tesis estructural quedaría seriamente debilitada si un análisis sistemático de la producción de RAND sobre seguridad —por ejemplo, una muestra de informes de sus FFRDC por década— mostrara con frecuencia no trivial: (a) preguntas de investigación formuladas desde el interés de terceros Estados o de la seguridad internacional como bien común, y no desde la ventaja estadounidense; o (b) recomendaciones de reducción sustantiva de la presencia militar global presentadas como la opción preferente y no como una alternativa entre otras. La ausencia de ese análisis de contenido es una limitación de este artículo y una agenda natural para una investigación posterior. Los contraejemplos no desmienten el marco; delimitan con mayor precisión dónde está su frontera.

6. Conclusión: infraestructura de poder, no árbitro neutral

La pregunta habitual —si los productos de RAND preservan la hegemonía estadounidense o son imparciales— plantea, como se señaló en la introducción, una dicotomía inadecuada. El sesgo de RAND no es una inclinación ideológica de sus investigadores, sino un sesgo estructural, producido conjuntamente por la posición institucional, la concentración del financiamiento, las redes de personal y el encuadre de los problemas. Sus rasgos pueden resumirse en tres.

Primero, objetividad instrumental y silencio crítico. El análisis cuantitativo de RAND es riguroso dentro del marco que el cliente establece, pero la legitimidad del marco no se examina. Puede calcular con precisión los costos de distintas posturas de disuasión o las causas del fin de los grupos terroristas, pero no plantea sistemáticamente la metapregunta de si Estados Unidos debe mantener su primacía militar global.

Segundo, la sustitución de la deliberación por la evaluación técnica de los medios. El clima de posguerra en el que se formó RAND privilegió la evaluación técnica de medios frente al cuestionamiento de las estructuras (Beck y Bishop, 2020). Ese legado persiste: las opciones estratégicas se presentan como elecciones técnicas y no como decisiones políticas.

Tercero, la dependencia como frontera cognitiva. Como operador de cuatro FFRDC y con la gran mayoría de sus ingresos procedentes del gobierno federal, RAND tiene dificultades estructurales para desarrollar marcos que desafíen los fines de sus clientes. El caso de Vietnam muestra que esto no requiere censura: basta con que la pregunta del siguiente contrato se reformule.

Queda una pregunta política que este análisis no evita. RAND produce conocimiento para el aparato de seguridad estadounidense, y ese conocimiento se usa para diseñar políticas que afectan a poblaciones que no participan en su financiamiento ni en su diseño. La cuestión no es si RAND es “objetiva” en abstracto, sino si es legítimo presentar como neutral el conocimiento que una institución privada, financiada por un Estado, produce para orientar el uso de la fuerza de ese Estado sobre otros. Esa pregunta no tiene una respuesta técnica, sino política. Y este análisis, desde su posición declarada, la responde: no es legítimo presentarlo como neutral. Es conocimiento interesado, producido por una infraestructura de poder, y debe leerse como tal.

7. Nota final sobre el método

Este texto no pretende imparcialidad. Parte de una posición, la declara al inicio y analiza desde ella. Eso no lo vuelve más verdadero, pero sí más transparente. La lección que puede extraerse es que no existe análisis sin marco ni marco sin consecuencias. La elección no es entre imparcialidad y sesgo, sino entre marcos declarados y marcos ocultos. Los marcos ocultos son más peligrosos porque se presentan como neutralidad; los declarados pueden ser discutidos, refutados y corregidos.

RAND opera con un marco implícito pero oculto al desprevenido: la primacía estadounidense como premisa. Buena parte del análisis convencional sobre RAND opera también con uno: la pretensión de exterioridad analítica. Este texto tiene un marco declarado: la crítica a la hegemonía desde una posición explícita, con sus propios límites reconocidos.

Eso no lo vuelve imparcial. Lo vuelve discutible. Y eso es lo único que se le puede pedir.

Referencias

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